domingo, 21 de julio de 2013

Portada








            Dolores Canosa está muy enfadada conmigo, dice que le robé las cucharillas de plata la tarde en que me invitó a tomar café. Tengo que decir en mi defensa que yo no tengo las dichosas cucharillas y que todo el mundo sabe que la gran Dolores es una desconfiada. Le propuse que nos fuéramos a tejer al patio de mi amiga Virginia, ahora se lleva mucho eso, creo que lo llaman Knitting o algo así. Bueno, pues me respondió que eso lo hacia ella hacía veinte años. “Como todo”, le respondí, “entre las de tu generación, que sois unas pioneras, y la nueva generación que acaba de descubrir el Mediterráneo o agita el móvil como si fuera una coctelera por lo de la leche del wechat estamos apañadas. Digo yo que entre el resentimiento y la novedad habrá un lugar para nosotras, las que nos quedamos en medio y además somos lesbianas.”

                                       “Ya estás otra vez con lo del lesbianismo”, me respondió ella. Ella que me preguntó hace poco que quién llevaba los pantalones en mi casa, ¡qué tontería!  Es que se le olvida quién soy y cada vez que se le olvida me hace invisible, y yo no puedo ir a ningún sitio donde me traten como invisible. Para que no me enfadara me preguntó cómo llevaba mi nuevo libro de poesías, cree que no la conozco ni me doy cuenta de sus estrategias. ¿Hasta cuándo va a durar esta locura de la deconstrucción? Yo creo que la culpa de todo la tiene Ferran Adrià y esa comida que hace tan chiquitilla, como para muñecas, porque a Derrida no lo ha leído tanta gente.

            Bueno, le dije que mi nuevo libro titulado Cómo decir deseo lo llevo muy bien, y es que soy una profesional, una poetiZa de arte mayor. Y me fui, me fui con viento fresco al patio de mi amiga Virginia, el Patio Vesubio, a tomarme un thé con ella para celebrar mi cumpleaños y allí, entre otras, estaba Karina Von Vaster, fotógrafa de halos emocionales y creadoras de collages alegres, ella fue la que me hizo esta portada para el Capítulo 9 de La Reina de la Morralla, titulado “Locura”.

            Fue mientras estaba allí que me telefoneó Dolores diciéndome lo de las cucharillas. “Pero, ¿qué se ha creído esta mujer?”, pensé. El caso es que le dije que se equivocaba conmigo y entonces se echó a llorar y me dijo que esa cubertería es una herencia de familia. Le colgué indignada y tuve que tomarme diez chupitos de thé de jengibre. Mientras bebía pensaba en las contradicciones de la vida, en cómo estampé mi firma para que a la gran musicóloga Dolores Canosa le diesen el Príncipe de Asturias. Y que conste que lo seguiría haciendo, que se lo merece. Y pensé también en el desprecio de las clases altas, en los malos sentimientos que nos hieren, en la cobardía, en el miedo y en la ginefobia y en los hermosos poemas que estoy escribiendo, dedicados todos a mi amada, para que se nos vea. También me di cuenta de que la pobre Dolores Canosa tenía ya una edad, que había luchado mucho en esta vida y que la estaba juzgando severamente.

La llamé, le dije que yo no tenía las cucharillas y ella me contestó que no sabía de lo que le hablaba, descubrí sus lagunas de memoria, su temblor en la voz y su sentido del ritmo que siempre ha llevado con ella como si fuera un estandarte, me cantó una nana y me dijo que me esperaba, que no volviera demasiado tarde a casa. Esta vez fui yo la emocionada, comprendí entonces el inmenso dolor que hay en el olvido y las trampas de la vejez. Desde aquí, desde esta tribuna pública quiero proponer a Dolores Canosa como candidata al Nobel de Música, no sé si existe esa categoría, pero desde luego ella merece ese galardón, es una gran compositora. Nanainoní, nanainoná.

Después me eché unas risas con Virginia y Karina Von Vaster, la autora de la portada de este capítulo, mientras tejíamos una bufanda (yo sólo sé hacer bufandas, a un jersey no llego ni de coña)  para regalársela a Dolores para que no pase frío cuando vaya a Estocolmo. También, muy modernas nosotras y sin faltas de ortografía, lanzamos al espacio un hashtag: #doloresnoesdesconfiada. Queríamos limpiar su mala fama provocada por lecturas adversas y perspectivas perversas; vaya, escribir nuestra pequeña historia en el espacio público de Internet para que quede claro y haya constancia. No sé si lograremos ser trending topics. No sé si las jóvenes nos apoyarán en nuestra empreSA o piensan, tal vez, que estamos perdiendo la cabeZA.

           En fin, el próximo domingo comienza el Capítulo 9 de La Reina de la Morralla titulado “Locura”





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