domingo, 22 de enero de 2012

Con la calor León Tolstoi

                                                                                  Para Carlos Clementson

Con la calor León Tolstoi
se pasea por las calles de Córdoba
con su sombrero de paja
y sus preocupaciones sobre el agro.
¿Liberará a los campesinos?
¿Escribirá sobre la paz?
Sueña con Ana Karenina
igual que Carlos Clementson
sueña con el Mediterráneo
o se entristece al pensar
en las maldades del mundo,
en los pequeños crímenes cotidianos.
Al atardecer
el poeta y su familia
se reúnen alrededor del samovar
y hablan de los cerezos
o de la naturalidad de Chejov.
Rememoran las mimosas,
los libros de Alfonso X el Sabio,
la frescura de la gente del mar
y entristecen con el sol
que no nos libra de ver
la verdad y sus aristas
como sólo se ve la verdad entre olivos.
Y anda León Tolstoi
con su sombrero viejo,
con la sencillez del que disfrutó
de la crianza de las amas
como Nabokov disfrutó de la incomprensión.
Y anda Carlos Clementson
con la destreza de un actor de los 50
buscando la sombra y a Margarita Cansino,
buscando las invisibles complejidades
de las palabras
y guardándose para sí
esa novela grande
que nunca escribirá
sobre la luz abrupta de Córdoba.
Y es que él prefiere hablar
del tenue color de las adelfas.
Y cuando el fresco llega a la ciudad
el poeta nace
como descansa Tolstoi en un humilde jergón,
y con la mano noble
de quien sólo conoce las labores del campo
muy de lejos
escribe sobre Ronsard
o la gentileza del alma.
Entonces, entonces es cuando se hace
el tonto
y calla y el silencio acumulado
es la más inmensa novela
que nadie nunca
pudo imaginar.



 Carlos Clementson firmando un libro en la cafetería del Nuevo Rectorado. Somos tan amigos que incluso nos leemos.

  Este poema junto con otro más y dos cuentos aparen publicados en El cuaderno del matemático de Diciembre de 2011. http://www.cuadernosdelmatematico.es/    info@cuadernosdelmatematico.es