domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo XI - Brotes azules : 5ª Toma




          Cuando escuché aquellas palabras una sonrisa de agradecimiento asomó en mis labios. Y una oleada de aire movió la veleta de la Ballena y vino un aroma a jara y con la lengua acaricié mi propio paladar y con la mano izquierda me limpié los ojos de sospechas y aprecié el tacto de mi nariz y del borde de mis labios y tuve que echar a correr y mirarme en el Cristal de los Reflejos. Me di cuenta en aquel instante de que era un ser asimétrico, que la izquierda y la derecha difieren en múltiples matices. Pensé que era uno de los rasgos de la omnisciencia, el descubrimiento de la no igualdad incluso en nuestro propio cuerpo. Y me sentí feliz por mi hallazgo y le di la mano a mi madre porque ese iba a ser un día grande y ella me emborrizó de colonia fresca y me peinó y me puso un vestido turquesa con lacitos de marfil y unos zapatos de charol y unas medias blancas como la nieve.

            -Lo primero que tiene que saber una ladrona es comportarse como una señora, así nadie te mirará de reojo y te dejarán bucear por todos los mares, has de ganarte la confianza de los tenderos y que respeten tu contemplación. Ahora rompe el cerdito de los ahorros y mete el dinero en este bolsito de fieltro -eso dijo mi madre y se fue a la Habitación del 2 a vestirse. Se puso un vestido color vino tinto y un sombrero con plumas, por encima de los hombros se echó un abrigo gris marengo-. No olvides tu capita -dijo mi madre mientras se pintaba los rabillos de los ojos-: Cuando salgas a la calle siempre debes maquillarte, el mundo es un teatro, no dejes nunca que el público piense que eres una mendiga, puede ser peligroso, la lástima no es un sentimiento sano, las personas nos tenemos que mirar cara a cara, ¿lo comprendes? -le dije que sí con la cabeza-. Los paraguas son imprescindibles, procura que la empuñadura sea acogedora y que su toque sea entrañable como si llevaras tu casa en él, muchas veces las mujeres se sienten solas cuando andan por la calle en medio de la cobardía de los prejuicios, es bueno tener donde agarrarse, sobre todo nosotras que no tenemos raíces ni falta que nos hace, ¿vale?

            -Vale -le dije yo que creía haberlo descubierto todo y que sin embargo estaba en el principio de mi iniciación en el mundo y sus secretos dispares.
            -Cuando andes ve recta y con la cabeza alta, debes sentirte orgullosa de ti misma, no hay otra como tú encima de la tierra. Nadie se parece a nadie por mucho que quieran hacértelo creer los que intenten minarte.
            -¿Qué significa minarte?
            -Hay gente que disfruta vaciándote el corazón, no intentes defenderte, quien emprende esa tarea es porque se cree más fuerte que tú, no caigas en la vanidad de querer demostrarle lo que vales, no merece la pena, déjate llevar como si flotaras encima de las olas, hazte la muerta.
            -Mamá, ¿esto es el Tao?
            -No, hija. Esto es budismo por cojones.

            Salimos de la Metacasa y mi madre dejó la llave puesta. Cuando atravesamos la Plaza de la Merced un hombre muy parecido a Picasso estaba pintando las Señoritas de Aviñón y otro hombre con cara de payaso me dijo: “te pareces a caperucita roja con esa capita de fuego”, mi madre lo mandó a tomar por culo. Entramos en calle Granada y fuimos a saludar a Pepe Negrete.

            -Buenos días -dijo Pepe.
            -Buenos días -dijo mi madre-. Vengo a enseñarle a mi niña el altarcito que tiene usté en la planta de arriba.
            -Pase, pase.
            Entramos en la librería que olía a azules magnolias y saludamos a una mujer que nos recibió sonriente. Vimos la virgencita que tenía junto a la ventana rodeada de flores pequeñas y mi madre me dijo al oído:

            -De aquí no vamos a robar ná.
            -¿Por qué?
            -Porque los ladrones tienen que respetar a los amigos y este hombre tiene mú buena conversación.
            -¿Entonces dónde vamos a ir a robar?
            -A un sitio donde no hagamos daño con nuestro hurto.

            Bajamos toda calle Granada y atravesamos la Plaza, hoy, de la Constitución, pasamos delante de la Costa Azul y mi madre me dijo que a la vuelta me iba a comprar tela para hacerme otra capita, pero esta vez sería verde, porque a mí me sienta muy bien el verde. Yo le dije que me comprara también un abanico de la tienda de al lao y mi madre me dijo que ya veríamos. Entramos en la calle Nueva y como una tonta me paré delante de los escaparates de los Almacenes Álvarez y cuando pasamos por Casa Mira le dije que me comprara un helao y Carmen la de las tetas negras dijo que no era tiempo de helao, que después me llevaría a la Cubana para comprarme un pastel. Yo le contesté que por qué no íbamos a la calle San Juan, cortando por la Calle Cinco Bolas, que yo había visto en un letrero que había helaos calientes en una tienda que además vendía pollos asados. Mi madre me contestó que tenía que fijarme en las cosas que decía, que como siguiera así nadie iba a creer lo que yo escribiera y es que si Lope había roto las tres reglas, yo las estaba haciendo trizas; y que al final todo el mundo me iba a decir que era una mentirosa, también me dijo mi madre que gastara mucho cuidaíto con las haches, que yo soy de las que son capaces de decir que un pastor tiene una ola en la mano en vez de una honda, que una cosa es ser una desinhibida y otra muy distinta una ignorante que no respeta la ortografía. También me dijo que no hiciera de mis errores virtud, que eso lo hacen los locos; bueno, y si me atrevía a hacer tamaña barbaridad fuera porque intentaba emular al divino manco, aquel que detestaba tanto los tribunales y las hogueras de las inquisiciones, sí, ese mismo ladrón que después escribió un libro en dos partes, y que no me acuerdo ahora cómo se llama.




            Nos paramos enfrente del escaparate de la librería Ibérica que estaba limpio como las aguas de un lago en Reykjavik, a través de él, a mano izquierda, pude ver diferentes objetos de escritorio. Dietarios de piel coñac o color hoja de otoño o marrón carmelita, libros de cuentas de hojas rayadas con un margen rojizo a la izquierda, fichas de cartón, gomas de borrar, sacapuntas gigantes y un expositor de plumas de diferentes rangos, había una muy gorda y negra y dorada que se llamaba Mont Blanc.
            -Mamá, mira que bolígrafo más bonito.
            -No permitas que te regalen un monstruo así, es malo pa los deos y pa la cabeza, que no te engañe toda esta vanidad, los instrumentos deben ser sencillos. La mayoría de las veces se atora la tinta en los plumines de lujo. Ven, vamos a ver el otro escaparate.


                                                                       (Continuará)








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