domingo, 27 de abril de 2014

LA REALIDAD - 7. La valentía



        Para ser escritora tienes que tener valor, mucho valor, sobre todo si quieres ser de las buenas. Escribir de verdad es ingresar en el mundo de los matices, no se dicen las palabras en balde, no se puntúa al azar, no se libra una de cometer errores por más cuidadosa que intente ser.

          A mí la valentía me la enseñó la princesa Aigiarme, hija del príncipe Kaidu. Su historia la leí en un libro precioso que me regaló mi madre y que marcó mi vida: Los viajes de Marco Polo. Era de la editorial Bruguera, la hermosa colección Historias Selección y no llevaba sólo letras que también tenía dibujos como si se tratara de un cómic.       

            La princesa Aigiarme le dijo a su padre que no se quería casar, pero como no tenía más remedio llegaron a un acuerdo: se casaría con el hombre que fuese capaz de vencerla. Nadie la derrotó así que esta luchadora, que además era guapa y mi primer referente feminista en un mundo en que no se conocía ni esa palabra, hizo lo que le vino en gana y nadie pudo impedírselo.

            A mí me encantaban todas las historias de Marco Polo, me parecía un hombre honrado, dialogante, alguien que sabía comprender a los demás y que intentaba que la vida se convirtiera en un lugar donde tuviera importancia la generosidad y los matices. Me daba mucha pena no conocer a alguien como él, así de educado, capaz y valiente. Él buscaba que reinara el bien y que la gente se escuchara entre sí.

            Yo les exijo a mis lectores y lectoras que me escuchen con la ausencia de dogmatismo que tenía Marco Polo. Ya sé que no estamos en tiempo de exigir, que buscamos la comodidad y el atajo, pero a mí eso no me interesa. Cuando comencé a escribir aposté por la no prisa, por detener el ritmo virulento del mercado y por la relectura. Yo no escribo para que me lean, escribo para que me relean. Ya sé que son metas muy grandes, pero nunca pretendí convertirme en un ser insignificante.

            El nombre de Aigiarme significa “luna brillante”. Ella me enseñó que ninguna mujer debe pasar desapercibida. Ella y mi madre que me decía con frecuencia: “Tú no eres cualquiera. Tú eres alguien.”


Íntimamente, casi sin saberlo yo misma, estaba enamorada de Marco Polo.






Consejillo: Lee el poema XXXVI perteneciente al libro Eternidades de Juann Ramón Jiménez. Como es muy corto lo voy a poner aquí:

                                        "¡No corras, ve despacio,
                                          que adonde tienes que ir es a ti solo!
                        
                                          ¡Ve despacio, no corras,
                                          que el niño de tu yo, reciénnacido
                                          eterno,
                                          no te puede seguir!"

Consejillo: Lee el hermoso relato de Carme Riera titulado Tiempo de espera. 








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